A los 16 me fui solo a Berkeley a estudiar, sin hablar bien el idioma y sin dinero de sobra. Aprendí ahí que el miedo se encoge cuando lo partes en pedazos.
A los 32, con el MBA de London Business School recién terminado, tenía dos ofertas sobre la mesa: quedarme en Dublín con Meta, o cruzar el Atlántico con Google sin hablar español. Elegí la incómoda.
Doce años después dirigía la operación de Google para Colombia, Centroamérica y el Caribe. Hoy escribo, enseño y construyo con inteligencia artificial desde Bogotá, y corro maratones a 2.600 metros de altura.
“El problema nunca fue la edad. Era mi obsesión con el punto de llegada.”